¿Qué es lo que has venido a hacer aquí?
He venido
a besar tus labios con mis ojos,
a dejar en tu cuerpo mis caricias,
a rezar a un dios estupendo y lleno de vida,
a respirar el aliento mismo de la creación,
pero sobre todo,
por siempre y para siempre,
a amarte, hermano mío,
amarte y no dejarte de amar,
nunca más dejarte de amar.
(Francisco J. Francisco Carrera, "Luna de Agosto")
jueves, 22 de octubre de 2015
Dando clase..., o intentándolo...
Creo que mis alumnos saben que cada cierto tiempo soy intratable, incapaz, indecente, indetodo... Voy a intentar explicarlo claramente. Como sabéis, empecé a dar clase en la uni hace ya casi 20 años, en aquella época uno iba, daba la clase (la amarillez de los apuntes dependía de la edad y la buena voluntad del profe) y ya, sin power points, sin pizarras digitales, sin ipads ni demás tecnología puntera de estos días, uno tenía su tiza o rotulador velleda, algún libro de apoyo y ganas de comunicar cosas. Además, todo era clase "magistral", signifique esto lo que signifique. A mí me tocaba dar clase de literatura inglesa, fonética inglesa, inglés agroforestal y cosas parecidas... Luego llegó Bolonia y dividió la actividad docente en 1) Teoría y 2) Práctica (que a veces se subdividía en Seminarios,antes de los recortes, claro). También mi docencia cambió de área pues dejé la filología (con su énfasis en lo lingüístico-literario) para derivar hacia la didáctica de las lenguas. Pues bien, ahora, mis cursos tienen clases de 1) teoría, 2) práctica, 3) ni lo uno ni lo otro pero que guardan cierta similitud con una clase y 4) WTF que como bien sabéis significa pero qué coño es esto, o como diría Mauricio Colmenero
Hoy me ha tocado uno de esos días.
Hemos hecho un poco de todo. Por ejemplo esta actividad:
Hemos visto cómo se dice Urogallo en inglés, les he contado cómo me enamoré de Raquel, compartimos la graciosa idea alemana del Schadenfreude, leímos poemas "bilingües" con un verso en cada idioma, nos deleitamos con un lindo cienpies que estaba de visita por clase... Todo sin rumbo, sin objetivos, como muchas veces discurren mis clases. Soy un inútil dando clase, lo sabéis, y bueno, lo suplo con el porte majestuoso que produce mi larga melena al viento :)
Y diréis, ¿tus alumnos te tiran fruta podrida a la cabeza en esas sesiones, te insultan o te escupen? Pues por el momento no, así de encantadores son. La verdad es que generalmente la peor de las clases es una experiencia menos dolorosa que graparte una oreja a un folio así que el mundo sigue a lo suyo.
Pero y tú, os preguntaréis, ¿cómo te sientes tras esas clases? Y ahí entra mi otro yo, que es muy otro, para deciros que las cosas nunca son como son y que incluso cuando acaban siendo como eran (o son) viene a dar un poco lo mismo.
¿Qué recordáis de lo que habéis estudiado en la facultad? Yo poco. O nada. Y sobrevivo.
A veces mis alumn@s me dicen que recuerdan palabras como PLATYPUS o cómo se dice avutarda en inglés (si queréis saberlo mirad un envase del zumo de naranja Don Simón), y me siento feliz y eso da un poco de sentido a todo y lo celebro tomando un café. Cada vez me gusta más tomar café en clase, será que siento a mis chic@s muy cerca, para mí tomar café es algo muy íntimo que no hago con cualquiera, sólo con la gente que me gusta. Pero a saber...
Y esto, como todo en mi vida, no viene a cuento de nada...
Hay veces que el mundo nos besa. Otras somos nosotros los que besamos al mundo con la mirada. Es un juego dulce y cruel, una loca y salvaje mascarada...
Gracias, chic@s, gracias por ser y regalarme un poquito de esa dulce luz que recorre vuestros ojos y que a mí me sabe como sólo sabe la esperanza.
PD. Ah, también hablamos de las madejas..., que por si no sabéis lo que es, es esto:
domingo, 27 de marzo de 2011
CONCRETAMENTE DE LA NADA
Si me preguntas que qué he traído de nuevo aquí te responderé con un silencio. Si me susurras palabras de olvido, yo mismo te ofreceré la oscuridad más profunda y aquella mirada que se ocultaba tras mi cuerpo de niño que entendía que la vida es otra forma preciosa de muerte absoluta. Si acaso te me acercas con total desesperanza no voy a dejar ni por un segundo de elevar cada una de tus células hasta las montañas donde habita la locura más perfecta, donde aprendí a hacer el amor conmigo mismo sin sentir temor o culpa.
Al fin y Al cabo, hoy, que es domingo, un día como otro cualquiera, hablo de lo que he hablado siempre, me escuches o me ignores por completo. Estoy hablando de lo de siempre, amigo mío, estoy hablando, como es normal, concretamente de la nada.
Allí te espero.
domingo, 23 de mayo de 2010
Y VI UNA PROFUNDA OSCURIDAD
a plena luz del sol,
en medio de la mañana,
vi una oscuridad tremenda
y oí un silencio total.
La oscuridad era profunda
como profundo es el mar.
La oscuridad era profunda
como profundo es el amor.
Profunda, como profundo es amar.
Y así,
sin previo aviso,
dejé mi cuerpo,
mis formas…
mi calva fue entonces
pradero
y mi boca
sabía a calamar.
Era como algo mu grande,
mu bonito,
mu espectacular,
qué se yo,
era como algo distinto
aunque fuese como igual.
Era de noche en mis ojos
del alma
¡pero era casi mediodía!
Pensé que estaba loco,
aturdido, con resaca,
hecho una verdadera
carraca,
y me asusté un poco,
pa qué mentir,
me asusté un poco
y no supe qué decir.
Miré a mi mujer
pero no abrí la boca,
miré a mi perro
que yacía indolente
recostado en su camita,
miré a mis adentros
y entonces vi algo bien raro,
dentro de dentro de mí
había una linterna divina
que se alimentaba
de mis mismos intestinos.
Osplís tú, me dije,
que ya he ido a encontrar
algo con lo que iluminar.
Y la oscuridad, de repente,
me abrazó,
besó mis labios con su cuerpo,
rozó mi pecho con sus dedos,
se unió a mi mismo cerebro
y devoró todas mis ideas inútiles,
ahora era uno con ella,
y era luminosa en su penumbra.
La linterna se encendió sola,
yo no tuve que hacer nada,
tan sólo ver que a través de mis ojos
el amor ofrecía su mirada,
tan sólo sentir que mi corazón,
sin si quiera yo saberlo, palpitaba,
y la noche que me sorprendió a mediodía
fue entonces mi amante y mi amiga,
ella me había llevado a mis adentros,
a ver esa diminuta linternita
que es capaz de iluminar pueblos enteros
cuando se conecta con el alma del universo.
Y vi una oscuridad que era luz y era esperanza,
que era las lágrimas y el dolor más profundo,
que era el amor,
que era el cariño,
la tristeza ocre y gris,
la alegría, el ser feliz,
que daba la vida
y también la muerte,
que nos hacía humanos,
seres vivientes llenos de calor
amantes de todo lo que ha de morir
pues antes hubo de estar vivo.
Y no sé a cuento de qué vengo hoy domingo
y te pongo al corriente de esta neura tan “weird”,
a saber,
soy calvo,
lo sabes,
he sido profesor de inglés,
me gusta el heavy,
me gusta besar a mi mujer
y ser besado por ella,
abrazar a mi perro Kibo
y ser lamido por él,
me gusta el té,
para nada el vino,
me flipa el Zen, el Tao,
el cristianismo gnóstico,
la figura de la Magdalena
(las magdalenas no tanto),
me gusta meditar,
comer jamón,
la pasta y la pizza,
pasear,
hacer deporte,
hablar inglés,
no pensar en nada,
y todo esto,
todo esto que parece ser yo,
no es lo que yo soy,
claro,
es tan sólo una máscara,
acaso lo que soy,
lo que en verdad somos,
es esa oscuridad profunda
que nos abraza de cuando en cuanto
para que la bombillita de dentro
se nos ilumine
y nos haga hacer el amor
con la misma noche
justo a la mitad del día.
Quizá seamos eso,
nada más,
una danza de cuerpos y espíritus
que se aman
locamente
sin nada más que esperar,
amantes silenciosos de la escarcha,
seres de la luz y la tiniebla.
Qué se yo…,
qué voy a saber yo
sabiendo como sé
que soy la Nada,
sabiendo como sé
que nada queda,
nada más que el amor,
el silencio, y la abundancia.
domingo, 21 de marzo de 2010
CUANDO EL SILENCIO ES LA ÚNICA PALABRA
el viento en las entrañas,
de nuevo hoy me he levantado
con el universo en la mirada,
hoy, hermanos míos,
todo era silencio y vacío
todo lo que era era la nada.
Así,
intentar ocultar
la magia de la vida
con palabras,
recuerdos
o historias vividas,
no parece tener
mucho sentido.
Crearé un espacio
infinito
para que juntos
amemos cada momento
como si fuera único,
como si fuera el último.
Y así,
con la hierba entre los dedos
y la arena del tiempo bajo la lengua,
reiremos
en silencio
para conformar
el estallido
más ruidoso
jamás oído.
Aquí,
querido mío,
estoy aquí,
y tú conmigo.
Deja de rasgar
tu piel divina
con el acero
del odio
hacia ti mismo,
deja de mirar
hacia fuera
e ilumina
el camino a tu corazón
con esos ojos
bellísimos
que son la misma corona
de la creación,
deja atrás
el deseo,
la prisa
y el hastío,
nunca fueron reales,
y acepta el silencio
que grita
en tus arterias
el nombre primero
de las cosas,
y acepta la caricia
de la brisa
entre tus palmas
para recordar
por fin
que nunca fuiste
otra cosa
que no hubieras sido
ahora y siempre
y que siempre
habrás de volver a ser.
Tus ojos son el amor mismo,
tu vientre la misma nada
y tus manos el todo infinito,
la rosa, el fuego y la espada.
domingo, 7 de febrero de 2010
ACERCA DE NADA, ALEJOS DE TODO (O VICEVERSA)
Hoy domingo yo estoy en uno de mis días “y pa’ qué” y lo cierto es que me da pereza hasta pestañear (por eso estoy saltándome uno de cada dos pestañeos), yo creo incluso que he comido la mitad que otros días para poder masticar también la mitad. Pero con todo me he arrastrado desde el sofá hasta el ordenata para escribir mi entrada semanal del blog…, y es tal el esfuerzo que me ha supuesto que ya voy pensando en concluirla.
En concluirla…, ay, y pá qué…
El cielo cerró su oscuro espacio de labios.
Y allí, los amantes
se cercaron
y navaja en mano
supieron abrirse el corazón con pericia, con delicia, con la pasión primera del placer inesperado, con la fuerza ignota de los seres perdidos en las noches del dolor, con toda la astuta presencia del silencio.
Con los dientes se arrancaron
miembro a miembro
hasta ser tan sólo el recuerdo de la rabia,
el caótico viento del amor.
Para eso.
O por eso.
Entonces todo lo que había sido
dejó de ser,
él cerró la puerta con un beso,
ella abrió otra con sus ojos,
y dejando de ser
al mismo tiempo
volvieron a ser
a la vez
lo que nunca supieron:
el signo sobre la arena,
el fuego,
la brisa
y el mar.
Ya era uno
el sueño y la vigilia,
la sangre inundaba cada poro,
el sudor corría por las heridas
y los gritos ahora eran de silencio.
Ya eran uno,
eran mil a la vez,
eran la roca y el olvido de la roca,
eran la muerte misma
y todo por fin
estaba bien.
Y para qué,
para qué seguir
cantando
historias…,
acaso
para nada,
por nada,
con nada,
o todavía menos,
que nada
a veces es mucho
más que mucho
y nada parece
ser tanto
que me produce espanto.
Así que sí porque sí.
Y ya está.
Por eso mismo.
Mañana es lunes, dicen. Pero hasta mañana no voy a creérmelo del todo, sigo soñando con martes que se adelantan un día porque sí, porque se les pone en las narices; con miércoles que desaparecen para irse de cañas un día entero; con jueves que, ahítos de estar siempre en el medio, se van sin pedir permiso; con viernes que se deshacen para no volver a aparecer hasta la semana siguiente; con sábados que duran tres días y con domingos eternos que duran un par de segundos.
¿Pero y vosotros, tenéis días de esos de “y pa’ qué” o sólo nos ocurre a los calvos? Ya me contaréis…
Un besaco de saco y un abrazo de sobaco.
domingo, 24 de enero de 2010
EL DOLOR DE SER LOS OTROS
Como todos, Raquel y yo hemos sentido que desde nuestra confortable realidad se nos devolvía a un estado inerme y doloroso. Hemos sentido, como todos, que uno nace en un sitio pero podía haber nacido en otro, y que hoy tenemos una buena mano en la baraja pero que quizás en la próxima partida no demos pie con bola. Como todos y cada uno, nos hemos sentido “at a loss for words” para explicar lo que veíamos o lo que oíamos sobre el terremoto.
Y en esos momentos de extrema fragilidad todo cobra sentido y volvemos a ser uno con nuestros hermanos, con el universo, y reímos juntos, y lloramos juntos...
Hace ya unas cuantas semanas, cada noche antes de dormir práctico un nuevo tipo de meditación, me “siento” otra persona y procuro residir un buen rato en su cuerpo. Así, intento hacerme más y más consciente de lo poco que importa ser uno mismo y, acaso, de lo importante que es ser los demás. Y hace una par de noches quise que mi alma se fundiera con el de una mujer haitiana que antes del terremoto ya era muy pobre, pero a la que tras la catástrofe sólo le quedaba la ropa que llevaba puesta y dos de sus cinco hijos pequeños. La experiencia fue a la vez sobrecogedora e íntima. Cómo podemos sentirnos cuando creíamos que teníamos poco y después lo perdemos todo, cómo cuando el dolor es tan insoportable como para llegar a una nueva fase de desesperación… cómo. Si al menos supiéramos que lo que les ha pasado a ELLOS nos está pasando a NOSOTROS, si al menos supieran que estamos a su lado, si al menos pudiéramos volver a ser humanos.
Y hoy no puedo decir mucho, la verdad, no puedo decir nada. A su manera, hoy es un momento de silencio y no os voy a bombardear con palabras. Tan sólo os pido que por unos segundos cerréis los ojos y viajéis hasta el centro mismo del dolor, sin huir hacia esas zonas comfortables que nos hemos inventado para que nos duela menos el corazón, y así, desnudos al fin, permanecer un rato en perfecta comunión con el alma del mundo…, y que desde allí seáis todo amor y todo comprensión, todo luz.
Nada más, hermanos, tan sólo estas palabras de silencio, este gesto de esperanza y este “ser los demás”.

