¿Qué es lo que has venido a hacer aquí?

¿Qué es lo que has venido a hacer aquí?
He venido
a besar tus labios con mis ojos,
a dejar en tu cuerpo mis caricias,
a rezar a un dios estupendo y lleno de vida,
a respirar el aliento mismo de la creación,
pero sobre todo,
por siempre y para siempre,
a amarte, hermano mío,
amarte y no dejarte de amar,
nunca más dejarte de amar.
(Francisco J. Francisco Carrera, "Luna de Agosto")
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sábado, 19 de mayo de 2012

VERBO, O EL CAMINO DE BALDOSAS AMARILLAS EN EL SIGLO XXI


“Somos puzzles incompletos,
esqueletos vagando histéricos,
mientras nuestro silencio se expande y hiere,
así el afecto muere triste y famélico”
(Nach, Verbo)

Hace ya algunos siglos que mis células, en su continuo baile apoptósico (doy las gracias aquí al Dr. Chopra por sus iluminaciones sobre el término “apoptosis”), decidieron retomar la palabra que fue el verbo que fue al fin y al cabo el absoluto grito de agonía del Ser que se rompe en los mil sin dejar de ser el Uno.

Esa palabra, en esta encarnación, decidió abrirse camino a través de la poesía.

Y cuando cierro y abro los espejos de mi alma, a veces se cuela un dardo envenenado de belleza que se dirige directo al corazón.

La Reina Negra se acerca y me ofrece su copa.  Bebo y rozo su cuerpo con mis  ojos.  Dejo vagar mi silencio por su pelo.  Me pierdo en su vientre y entre el cautiverio de su sangre navego con la certeza del que ha perdido su voz para ganar a cambio la voz del mundo.

"Darkness be my guide..."
Y Verbo, la peli de Chapero-Jackson, llega y se planta con su propuesta lírico-narrativa en nuestra detrito cultural del momento.  Y yo, ante tal muestra de “mira, esto es lo que quiero hacer, tú mismo si lo ves o qué te  parece” me siento “epatado” y un poquito enamorado.

La coctelera se llena de ingredientes, esto está claro: rollito emo y neogótico, sensación adolescente de “nohaysitiopamí” (que tanto visité en mi pasado), clasicismo quijotesco modernizado a golpe de rap, estructura de videojuego, con sus jefes finales y todo, rimas romas y rapturizadas hasta el extremo, you name it.

Son muchas, pero muchas cosas las que me han fascinado de esta peli, la verdad.  Os cuento algunas:

1)  El terror absoluto de las “ciudades dormitorios”.  Esta historia de mi vida no la conoce nadie, creo.  Al volver de mi primera estancia larga en Inglaterra (larga…, bueno, un mes, que me pareció una vida) en Sheffield, la hermana de una amiga nos llevó de vuelta a Valladolid parando un rato en una “barriada” fantasmagórica del extrarradio madrileño.  Era de noche.  Yo tendría unos 20 años, o algo, menos que ahora (o acaso más, esto es complejo) y recuerdo que al bajar del coche y observar la desolación de aquellas calles, de aquellos monstruosos edificios, de los rostros macilentos de los vecinos, tuve la sensación clara de haber entrado en “the twilight zone”.  Tomé algunas decisiones esenciales sobre cómo quería vivir, decisiones que olvidé durante muchos años para luego recordar de forma súbita cuando mi mundo laboral se “derrumbó” estrepitosamente hace tres años, cuando tuve que perder tantas cosas en las que creía para empezar a construirme de nuevo mientras un mundo nuevo me susurraba palabras olvidadas y poema tras poema yo iba curando mis heridas cada mañana.  Pero esa es otra historia.
Pues eso, ese terror primigenio casi lovecraftiano está en la peli, de forma sutil, casi poética.

2) El regreso al Quijote.  Obra bella y poética donde las haya y que solemos acabar odiando porque nos “obligan a leerla” cuando lo que nos apetece es ligar, beber, vivir fuera de “algunos” libros, descubrir por qué nos sentimos como nos sentimos, etc.
Y es una pena.  Decía Borges que era una aberración eso tan de los colegios, institutos y universidades de las “lecturas obligatorias”.  Obligarnos a leer un libro tiene cierto tufillo a mal rollo, es como si nos obligaran a amar a alguien, hay algo que falla.  Pero el Quijote que nos propone Verbo es algo distinto y esto para mí es otra virtud de esta película, que actúa como intertexto entre la idea del Quijote como Alta Cultura y otras manifestaciones como el hip-hop, los grafitis o los videojuegos.  Esta mezcla me parece muy bien llevada.  Para mí ha funcionado, sin duda.  Soy fronterizo por naturaleza y decisión, me encanta sentirme tan híbrido, oye.

3) El sustrato poético de la obra.  El aliento lírico que despide toda la peli, con ciertos momentos obvios de “extrema afectación”, es impresionante.  Poema visual que juega con las luces y las sombras, con lo barroco y lo minimalista por igual, Verbo se configura como una propuesta “lírica” formalizada en una macroestructura narrativa fílmica.  Los grafitis que  aparece en los muros actúan como elementos de repetición rítmica, pero son tan sólo uno de tantos (sonidos, canciones, situaciones, etc.)

4) Alicia invertida más allá de los espejos.  Desde niño me he quedado mirando los espejos como convencido de que están ahí para algo más que para peinarnos (ya ves tú para qué me sirven ahora que soy más calvo que una bola de billar calva), como si nos indicaran que esta realidad es sólo un juego visual que tenemos que entender para así trascender.  Y no me refiero a “realidades” fantásticas (en las que también creo, es obvio), me refiero a cosas más simples y terrenales.  Me gusta jugar con las máscaras de la vida, también con las de la muerte.  Y así paso el tiempo, con vosotr@s, herman@s mí@s.  Llorando, riendo, creando, creyendo, volviendo a vivir en la muerte para aprender a morir en la vida.  O al contrario.  Es tan difícil buscar la sombra de tu propio corazón cuando eres a la vez el sol y el objeto iluminado.  Pero divago (vale, lo digo, “vago” y ahora qué)…

5) La música de Nach.  No es que Nach me guste mucho, pero es que se ha cascado un temazo de 10, el que cierra la película.  Una canción de esas necesarias para el alma.  Un cruce entre el heavy gótico y el más puro hip-hop.  Y una letra hipnótica y directa al mundo de detrás del mundo, al rostro de detrás del rostro.  Y un piano que gotea luz y lenta sombra dentro del alma sin parar. Inagotable tema.  Indivisible voz.  Verbo.

Podría seguir citando más aspectos, pero casi lo dejo aquí, y me marcho con un poema de los míos, como es habitual.  Y os animo a ver la peli, claro, os guste o no os guste, posiblemente no os dejará indiferentes.  A mí me ha gustado, es obvio.  Pero qué poco importa eso.  O qué mucho.

Y este es mi homenaje al Verbo que nos hace dioses jugando a ser humanos.

Gracias por estar ahí.

VERBO
Por Francisco José Francisco Carrera.

En aquella adolescencia perdida
no sabía dónde mirar
y cuando al final lo hacía
no importaba lo que viese
ya que nunca lo entendía.

Estaba oscuro incluso en la mañana
pero la luz ardía
y la boca sangraba saliva
sin parar.

De repente llegó un silencio
que resquebrajó el muro
y un mundo roto se abrió
ante mis ojos, cegado
por las palabras vacías
de los muertos que vivían.

Y yo alargué mi lengua
y probé el frío tacto de la roca,
el dulce tacto del musgo primordial.
Era tu cuerpo infinito florecido
en los besos que no te llegué a dar.

Y supe ya para siempre
que había una Palabra,
que era un Verbo,
que unía Luz y Oscuridad,
y que morir es vivir
y que vivir es amar.

Y que todo era un juego
y que sus armas podrían herirte
pero jamás te podrían matar.

Porque Tú eres el verbo
que se pronuncia a sí mismo
desde el principio de los tiempos
sin parar…

domingo, 27 de noviembre de 2011

ALGO TIENE QUE CAMBIAR

Burt Lancaster en El Gatopardo

Hoy iba a hablar del Tao, que me apetecía mucho…, pero he decido cambiar de tema (o acaso no, que el Tao se manifiesta como le viene en gana).  El Tao tendrá que esperar, que tengo una entrada de mayor actualidad (mira que suena tópico esto). 

El domingo pasado votamos (digo votamos como nación, como seres jugando al rollito este de ser “españoles” o lo que nos haya tocado en suerte oye) y digo votamos porque lo que es yo volví a no votar.  Lo cierto es que apenas seguí lo que pasaba.  No me interesa la política aunque me interesen los sistemas políticos.  En otras palabras, no me interesa hablar o discutir sobre política, pero me resulta fascinante cómo la “política” ha ido rigiendo este mundo nuestro tan bello como caótico (cada vez me siento más “entrópico”).

A lo que iba, el domingo pasado hice poca cosa de provecho, lo reconozco y lo celebro.  Raquel no estaba, así que tuve un día lento y especialmente silencioso, paseé con Kibo, cambié la jaula de Gandalf, puse una lavadora, recogí un poco la casa (al llegar a los baños me dio pereza y ahí los dejé, en su jugo, tan lindos ellos), y leí.  A eso de la hora de comer (no había mucha hambre en mí, comí algo de pan, un yogur y fruta, qué rico todo) me puse la tele y me enganché a una película maravillosa (como maravilloso es el libro en el que se basa), EL GATOPARDO, dirigida por Luchino Visconti.  Y allí estaba Burt Lancaster como el Príncipe Don Fabrizio Salina soltando una de esas líneas que marcan, sobre todo si estás en jornada electoral.  Burt, que es un aristócrata de rancio abolengo, habla con un religioso, este último le quiere hacer entender que si siguen dando privilegios a la nueva burguesía las cosas van cambiar…, el aristócrata le mira a los ojos y le espeta “algo tiene que cambiar para que nada cambie”.

Qué más puedo decir.  Que casi me atraganto con el yogur ante la revelación vespertina.  Ahí está la clave de los sistemas políticos, de unos y de otros.  Y de los cambios de sistemas, claro.

Nunca cambian las cosas importantes porque nos dan “el chocolate del loro” (y a mí siempre me da pena el pobre loro que se queda sin su golosina) que son los cambios no esenciales (pero que a veces se ven bastante, suelen ser “a bulto”).  Y así andamos, obnubilados antes el juego de las formas y olvidando nuestro propio corazón.

Y con esto en mente o en alma, un poema vino a mí y lo quiero compartir con vosotros.  Creo que es claro.  Si  no lo es, el que lo ha oscurecido he sido yo al escribirlo, porque él me vino perfecto y profético, como siempre viene los poemas.

Os adoro, mis queridos, ya lo sabéis.  Un besazo enorme para todos.

ALGO TIENE QUE CAMBIAR
por Francisco José Francisco Carrera

Algo tiene que cambiar
para que todo siga como estaba,
colega,
eso es así,
ha sido así
y si nadie lo remedia
será así por los tiempos
de los tiempos,
y qué tiempos,
joder,
mierda y asco de tiempos
estos,
pero también los otros
y los de más  allá.
No te creas
que antes era mejor,
la mierda suele oler
a mierda
aquí y en el espacio sideral,
y es que es la misma breva,
la misma oscura y sucia pantomima
de la vida que te chupa
hasta la médula
y te deja con cara de absurdo mono
colgando del árbol más triste de la tierra.

Se ha sabido desde siempre,
tío,
que para que cambie por fin
este infierno
tendremos que aprender
a ser el cielo y las estrellas,
y serlo por dentro,
mira lo que te digo,
que todo cambio de lo de afuera
es fuego de artificio,
que sólo desde la raíz
se puede llegar a lo que alimenta
de verdad,
y lo que alimenta de verdad
es la Verdad.

Así que ya sabes,
ellos nos dan algún cambio
y se quedan nuestras almas en prenda,
gentuza de ojos grises y corazones que huelen a orín,
aves de presa que nos esperan sin prisa
pues saben que hemos caído siempre,
y que volveremos a caer…

hasta que estallemos de hermosura
y nos florezca el amor hasta en las orejas
y entonces les miraremos
y les robaremos su reino
(que siempre fue el de todos)
a golpe de beso y de caricia
y ellos caerán deliciosos,
arrobados, gloriosamente
enamorados de sus hermanos,
pues todos nos reconoceremos
por fin,
sin los rostros,
sin las máscaras,
sin todo ese  pimpiringallo
que es parafernalia que oculta
lo único que de verdad importa.
Y al fin no tendrá que cambiar algo
para que todo siga como estaba,
porque todo, y digo bien, todo,
cambiará de repente,
sin transición,
Big Bang jaranero y sin igual,
y volveremos a ser quienes siempre hemos sido
y jugaremos con presteza en este paraíso de silencio
que nunca dejó de iluminarnos con su luz de eternidad.


viernes, 17 de junio de 2011

PARÍS, TEXAS O EL DOLOR QUE CURA LAS HERIDAS


Hoy quiero cerrar mi trilogía sobre Wim Wenders con una entrada sobre París, Texas (1984), una de las obras imprescindibles del cine moderno. Y lo cierto es que creo que no puedo hablar en absoluto de esta genialidad…, y lo cierto es que creo que tampoco puedo dejar de hablar de ella. Lo que sea que haya de venir que venga, que aquí me encontrará…
Hay películas que hacen que todo tu cuerpo duela hasta lo insoportable y ese dolor, lejos de herirnos, nos cura y nos hace más humanos. Ese dolor nos enseñar la realidad tal como es, aunque no nos guste, aunque sea oscura y aparentemente terrible. Te sacan de tu “zona de comodidad” y te ayudan a vivir con más consciencia de lo que en verdad Es. Hay películas que se clavan dentro y te hacen sangrar belleza y desesperanza a la vez. Hay películas que, como el Tao, no pueden ser contadas, no deben ser interpretadas, sólo hay que verlas, así, sin más, sin palabras, críticas, sin opiniones, sin referentes.

El cine tiene esas joyas esperándonos y muchas veces aparecen de la nada, del desierto mismamente, como aparece Travis, el protagonista de París, Texas al principio de la peli, y nosotros nos quedamos ahí, expectantes, boquiabiertos y con el corazón en un puño, intentando entender qué narices está pasando, por qué un tío aparece en medio de la nada vestido con traje y gorra de béisbol roja. Tenemos algunas piezas del puzzle, pero el puzzle es inmenso (todo vida, hasta la más simple, lo es) y queremos montar todo el asunto para entender por qué. Siempre buscamos el porqué, ya lo he dicho en otros muchos sitios, somos “animales narrativos” y siempre estamos dando la paliza con el porqué, el cuándo, el dónde. Necesitamos referentes, o creemos necesitarlos, una vida sin referentes puede parecer un sinsentido pero es a su vez una posibilidad de vivir en el presente de forma profunda e inmediata, accediendo a lo que se presenta sin nuestra “protección mental”. Acaso por eso me gusta tanto la poesía, porque me rompe esos esquemas, me lanza, así, a lo bestia, en medio de la nada, en pelotica picada y sin tener con qué taparme las vergüenzas, y todo ocurre, simplemente ocurre, los eventos se van desarrollando con su lógica interna que no atiende a lógica alguna, en un tiempo que no es tiempo, en lugares que aún no han sido creados y cuya geografía es loca y maravillosa y cambiante a cada segundo. Esa ruptura es, en mi opinión, lo que caracteriza lo mejor de la poesía, lo mejor del arte, lo mejor de la vida… Porque, amigos míos, así es la vida, no tenemos ni pajolera idea de qué va, pero nos empeñamos en tener la certeza de cómo vivir incluso lo que aún no hemos vivido, y todo el mundo lo toma por sentado, está claro: “tú debes hacer esto”, “mira, está claro, yo en tu lugar haría lo otro”, “hombre, es lo que se espera de un tío de tu edad”, “pero escucha, las mujeres de tu ‘condición’ no deberían hacer lo de más allá, está claro que te equivocas cuando te planteas siquiera intentarlo”, “pero es que lo tengo claro, cuando me pase esto haré esto otro”, “si a mí me pasa tal cosa en el futuro puedes estar seguro de que haré esto otro”, “y si se le ocurre espetarme tal cosa yo le voy a decir esto y esto y esto otro, pero qué se ha creído el muy boquisiseante”… Yo aquí, qué queréis que os diga, ya me pierdo mucho, generalmente no sé qué voy a querer o cómo voy a reaccionar dentro de un par de horas (aunque planifique mis días, que sin duda lo hago), como para saber qué voy a querer hacer en el futuro o cómo voy a llevar tal cosa que puede llegar a ocurrirme. Vivir algo como real y presente, estando en el futuro puede ser divertido (o angustiante, lo sabemos) así aceptar un modelo impuesto sin meditar sobre su validez y necesidad puede ser útil (o un locura colectiva, también lo sabemos) pero de ahí a que todo esto “así porque sí y ya está”, no lo tengo yo tan claro (la verdad es que lo tengo muy claro, en lo que a mí respecta, por supuesto). El resto del mundo que se aliñe la ensalada como quiera, que es lo suyo, y que me deje comerme mis churros mojados en tabasco si es lo que quiero. Vamos, que a veces se nos hace creer que la vida es para ser vivida como un “mapa de carreteras” que nos indica que para llegar al punto f (de felicidad, de falsedad, de famosidad, de fecundidad, de fefecidad, etc.) desde w tenemos que pasar por t, r, e y dejar la autopista N por la salida R4.
Y se nos olvida, se nos olvida y se nos olvida pero…,¡leñe! Acuérdate de cómo era cuando eras niño, cuando todo vibraba de aquella manera que te hacía uno con el mundo, acuérdate y mira de nuevo, ¿lo ves? Todo vibra ahora igual, son los ojos los que han cogido el polvo del camino, el camino sigue siendo el de las baldosas amarillas que te llevaba al corazón de las cosas. la vida es lo que es a cada momento, lo que a cada momento se manifiesta, y la supuesta unidad y temporalidad y causalidad esa que creemos real está muy bien, está muy bien para nuestras mentes (que son parte de eso que verdaderamente somos), pero no deja de ser un juego mental (a mindgame after all) como tantos otros, y estos juegos mentales están bien y tienen su función y son necesarios a su manera, son necesarios pero no esenciales, son ciertos en tanto en cuanto son creados a partir de un referente, un referente que puede ser cambiable, que nunca es un “absoluto” y que por tanto NO es esencial. Pero digreso, as I usually do, and in both my sort of native languages, I guess this is something I just can’t help and to be sincere I have no intention to find a way to stick to a single tongue when I am uttering sounds from my heart, from my entails, from the inner secret realm we all share and is unique at the same time…, but I’m rambling again, sorry, back to Spanish in 3, 2, 1…
A lo que iba… Los últimos 40 minutos de París, Texas son de una intensidad tal que el espectador se fundo plenamente con la pantalla. Es una pura meditación Zen, mejor aún, es el Tao que no puede ser nombrado, el nombre de la Rosa antes de ser llamada Rosa, el rostro detrás del rostro, la esencia pura del bocata de tortilla de patatas cuando lo pillas con hambre de siglos y el mundo es una eterna maravilla que querrías compartir hasta con el más terrible de tus enemigos (que te definen a su manera mejor que tus queridos amigos). Es lo que ya sabéis los que me vais leyendo (sois un encanto, queridos míos y os quiero un montón, se que lo sabéis pero me gusta recordároslo) que llamo “momentos de irrealidad” y que, como desarrollé en una entrada anterior, son los momentos de “verdadera realidad”.
Podría hablar y hablar de la película, pero mejor os animo a verla si tenéis curiosidad y ganas. La tristeza puede ser bella y necesaria, la belleza puede ser triste y necesaria. Whatever it is, it is, no second thoughts here. Es lo que es, y se manifiesta como se manifiesta, y sólo queda abrir los ojos de los ojos y con nuestro corazón de corazones disfrutar del mundo de nuevo. Al fin y al cabo, sólo lo que ha nacido una vez, habrá de nacer eternamente hasta que el ciclo se cierre y el tiempo se desvanezca de forma preciosa y precisa y final (aunque entonces no habrá de haber ni final, ni principio, ni antes ni tampoco después, será el silencio que habita el universo y todo lo fecunda y no puede dejar de amar porque es el amor mismo, el mismo amor esencial).
Mi corazón hoy palpita junto al vuestro y todo lo que pasa es justo porque es justo lo que está pasando. Bear with me, Brothers and Sisters, the end of the road is ahead and a new beginning is just at hand.
PD. Casi se me olvida: la banda sonora es flipante, nunca una guitarra fue tan lacerante y dulce a la vez.

domingo, 12 de junio de 2011

TAN LEJOS, TAN CERCA




Para mi amigo Félix, que sabe de lo alado y de lo evidente camuflado.
Hoy regreso con la segunda parte de la trilogía Wim Wenders, para hacerla distinta de (y más corta que) la anterior, tan sólo os voy a animar a ver la continuación de El cielo sobre Berlín que se titula ¡Tan lejos, tan cerca! Recuerdo que mi amigo y hermano del alma Félix me habló de la peli en aquella gloriosa mañana que era nuestra juventud erasmus (él a Gante y yo a Dublín, tan lejos y a la vez tan cerca) como filólogos en ciernes. Esta nueva peli de ángeles me gusta mucho pero es sin duda más narrativa (y por ende menos poética) que la primera (quizás por ello tiendo a verla muchas menos veces, del mismo modo que no suele leerme una novela más de dos o tres veces y me dedico a revisitar poemas constantemente). Sólo comentaros una cosa y una cosa nada más: lo que más me fascina es la “caída del ángel caído”, la física y la psicológica, pero si queréis saber más lo mejor es que veáis vosotros mismos de qué va todo esto.


Me despido por hoy con un poema que me inspiró la peli al volverla a ver esta semana para la entrada del blog de este domingo.
TAN LEJOS, TAN CERCA
Para Félix, que fue mi hermano del alma antes siquiera de conocerlo.
Estando tan lejos
estás a la vez tan cerca,
hablando idiomas distintos
nuestras palabras se entremezclan.
Este es el misterio desvelado,
el antiguo juego que desde niños
hemos venido jugando
sin conocer ninguna regla.
Y con todo a cada
instante, tu voz quiebra
los enormes muros de esta
vieja y oscura casa,
y con todo a cada
paso, mis ojos abrazan
el enorme vacío de este
oscuro y viejo corazón,
y con todo los labios
se encuentran y se volverán
a encontrar hasta que
todo vuelva a comenzar,

tan lejos, a la vez tan cerca.

sábado, 4 de junio de 2011

EL CIELO SOBRE BERLÍN O EL CANTO MÁS HUMANO DE LOS ÁNGELES



Para mi hermana Mª Paz, que sabe de los ángeles.
A mí desde muy jovencito me ha fascinado Alemania y sobre todo Berlín. He de reconocer que aunque hace algunos años pude viajar a este país por primera vez, Berlín sigue estando en mi lista de ciudades por visitar. Lo de Alemania, como os decía, me viene de muy atrás pero mi amor por Berlín es más reciente y va unido a otro profundo amor: al cineasta Wim Wenders y, sobre todo, a sus películas El cielo sobre Berlín y Tan lejos, tan cerca. Hoy voy a hablar de la primera and the rest, como diría el cantante de los Porcupine Tree, Steven Wilson, will follow.
Creo que conocer el cine de Wenders es esencial en un mundo como el que nos ha tocado vivir. Es necesario, digo, porque nos humaniza y nos hace ver más allá de los cuerpos y las formas. Porque es metafísico y puramente carnal al mismo tiempo. Porque sus planos tienen la callada elocuencia de la poesía japonesa y porque su manera de contarnos historias parece salida de las entrañas del mundo detrás del mundo. Su cine es, como diría el Cocoroto, “la hostia de bonito, y la hostia de profundo también, oye”.
Pues al turrón, El cielo sobre Berlín (que lleva un falso pero poético título en su libre traducción al inglés: Wings of Desire), es un canto a las formas corpóreas pero realizado desde un punto de vista principalmente angélico. No sabría deciros cuántas veces he visto esta peli, pero posiblemente más de 30 y menos de 50 (true story, brothers) y esto es así porque se me renueva constantemente con cada visionado. Hay días en que sólo presto atención a las imágenes, otras a las palabras de “Colombo” en inglés (el personaje de Peter Falk es esencial para entender el meollo de la película), otras a los diálogos entre los ángeles, según me encuentre, vamos. Y hay días en que me baño en ella, en todo lo que es, o en todo lo que mi cuerpo y mente y corazón finito pueden abarcar, en plan meditación total, así, a lo bestia. Y siempre salgo renovado y con una sonrisa de oreja a oreja y de la calva a la punta de los pies.
En mi opinión, los 15 primeros minutos y la media hora final son de lo más granado que el cine nos ha ofrecido (y nos ha ofrecido mucho, eso está claro). Y tampoco os diré mucho más, que no quiero “quitaros” el placer de descubrir esta joya por vosotros mismos. Tampoco quiero adelantaros muchas de las revelaciones que vais a poder escuchar…, cada línea de guión es prodigiosa y podría citaros muchas. Algunas de mis favoritas son estas: “tenéis demasiados colores para poder situaros en el tiempo”, “pero a veces la existencia espiritual es poco para mí”, “esa sensación de bienestar, como si en el interior del cuerpo una mano me acariciara suavemente”, “en la profundidad de la noche, hoy empezará la primavera”. Pero la que más me gusta es sin duda parte de la conversación que los dos ángeles protagonistas mantienen entre ellos sobre los pequeños milagros que han presenciado: “una mujer ha cerrado el paraguas a pesar de que llovía para poder mojarse”.
Es tal la carga lírica de esta obra que muy acertadamente se ha dicho de ella que está más cercana a la poesía y a la música que a la narración lineal (Desson Howe, The Washington Post, 1 Julio, 1988). No podría estar más de acuerdo.
Ahora bien, una peli con música de Nick Cave, referencias a Homero, un circo decadente en quiebra, varios ángeles, diversos idiomas en acción y unas vistas aéreas de Berlín sobrecogedoras, una peli con todo esto, digo, ha de ser casi a la fuerza una obra maestra.
Mención a parte (y final) merece el increíble poema de P. Handke que estructura ciertas partes esenciales de la película. Con dicho poema os dejo por hoy hasta el próximo domingo en que regresaré con la segunda parte de mi trilogía Wim Wenders.
Un abrazo desde mi corazón hasta el secreto precioso que da aliento a vuestras entrañas.
“Cuando el niño era niño”, por Peter Handke, escrito para la película "El cielo sobre Berlín" de Wim Wenders.

Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente, y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada,
no tenía ninguna costumbre,se sentaba en cuclillas,
tenía un remolino en el cabello,
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y por qué no tú?¿Por qué estoy aquí y por qué no allí?
¿Cuando empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo y oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal y gente que realmente son malos?
¿Cómo puede ser que yo, el que soy,
no fuera antes de devenir,y que un día yo, el que yo soy,
no seré más ese que soy?.

Cuando el niño era niño le costaba tragar las espinacas,
los chicharros, el arroz con leche y la coliflor al vapor,
y ahora come todo, no solo por necesidad.
Cuando el niño era niño alguna vez despertó en una cama extraña,
y ahora, lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían maravillosas,y ahora, solo si hay suerte,
le parece bella alguna que otra, nada más.
Cuando el niño era niño
se imaginaba claramente un paraísoy ahora, acaso, lo adivina.
No podía pensar una nada,
y hoy, se estremece ante ella.
Cuando el niño era niño jugaba entusiasmado,
y ahora se concentra como antes
solo cuando se trata de su trabajo.
Cuando el niño era niño las manzanas y el pan le bastaban de alimento,
y todavía es así.
Cuando el niño era niño las moran se le caían en la manos cuando las tenía llenas,
y es así todavía;
las nueces frescas le ponían áspera la lengua,
y ahora todavía;
encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta,
y en cada ciudad el anhelo de una ciudad aún más grande…,
y siempre es así todavía.
En la copa del árbol tiraba de las cerezas
con igual deleite como hoy todavía;
se asustaba de los extraños…
como todavía se asusta;
esperaba las primeras nieves…y todavía las espera.
Cuando el niño era niño
lanzó un palo como una lanza contra el árbol…
y hoy vibra ahí todavía.

jueves, 21 de octubre de 2010

CHICOS, HE VUELTO HA ENCONTRARME. ¡QUÉ COSAS!

(En la foto mi querido Javi y yo pasando frío y cogiendo fuerzas en Oxford, 1998,
mi hermana estaba al otro lado de la cámara)
Durante los dos años que pasé viviendo entre el Reino Unido (sobre todo Inglaterra, pero con una escapada maravillosa de casi un mes a Escocia) e Irlanda, tuve la suerte de encontrar sendos “cineclubs” que me nutrirían extensamente de películas. En Dublín, gracias a mis amigos Holger Mosebach y François Mulot, pasé largas tardes en el Irish Film Centre, en Eustace Street (cerca del Liffey). Pero lo cierto es que el lugar que más me marcó fue un edificio peculiar y con carácter propio que frecuentaría muy a menudo durante mi año como profesor de español en Oxford. Y es que estas semanas ando especialmente británico y no he podido resistirme más a hablar de un pasado sentimental que me acompaña todos los días de mi vida.

El lugar al que me refiero responde al evocador nombre de THE ULTIMATE PICTURE PALACE y, en muchos sentidos, cambió mi vida aquel año en que mi piel se dio la vuelta sobre sí misma para dejar salir al British que llevo dentro. The Ultimate Picture Palace es, que todavía está en pie y funcionando, un cine de los de antes, de los de verdad, y es que sólo su presencia ya justifica una paseito hasta la entrada para verlo. Está en Jeune Street, al ladito mismo de Cowley Street (una de las arterias de entrada al centro de Oxford) y yo tenía la suerte de vivir bastante cerca (más concretamente en Eyot Place). De hecho, lo descubrí enseguida porque en la acera de enfrente yo cogía el autobús para ir a uno de los Institutos en los que trabajaba (Peers School, el otro era Wheatly Park School y estaba en medio de la campiña, yes, indeed, very picturesque, my dear). Lo cierto es que prácticamente todas las tardes, después de dar mis clases, solía perderme por la periferia de la ciudad y muy a menudo acaba por entrar en el susodicho cine. Recuerdo que tenía un olor raro, pero raro, raro, oye (“that little place with the funny smell” decía mi casera Vera Holmes, sí, como el detective) y que a mí, por cierto, me encantaba porque salía con la sensación de haber visto una peli guay y de haber cenado por el mismo precio. Just great!, don't you think?
Y resulta que un día vi que anunciaban una de las pelis del que es mi director británico favorito, Mike Leigh, una que no había visto y que era además su primera obra. Se titulaba Bleak Moments y no dudé ni un segundo en ir a verla. Aquí podéis ver la portada del video en vhs.



Y a ver cómo os cuento esto..., el jovenzuelo profesor que entró al cine se quedó allí para siempre, lo juro. Al salir yo no era yo, o era otro yo, o era un no-yo, yo qué sé. Me perdí para siempre en la película y acabo de volver a encontrarme hace unos días. Para que os hagáis una idea, yo viví en Oxford entre 1997 y 1998 y desde entonces he tenido un deseo brutal de volver a ver una peli que cambió mi vida completamente. La he buscado y buscado, de todas las maneras humanas, y no había manera, hasta que hace unos pocos días por fin he conseguido una copia. En otras palabras, he vuelto a ver la peli después de 12 años de búsqueda y así ando, tan feliz. Feliz porque me he vuelto a encontrar y esta vez ya no me suelto de la manita. A ver si me vuelvo a perder y pasan otra década sin volverme a ver.

Y de qué va Bleak Moments, me diréis, qué es lo que tiene que tanto me fascinó (y me ha vuelto a fascinar). Pues va de la vida misma y de la misma vida en Inglaterra. Mirad que os cuente, yo decidí ser inglés cuando tenía unos siete u ocho años y vi en la tele un muro de ladrillos rojizos en una serie o película que tenía lugar en Manchester. Llovía, en la tele, y era invierno, en el mundo real y la Valladolid de mi infancia. Pues bien, ese día yo decidí que pasase lo que pasase yo me haría inglés y me iría a vivir a Inglaterra durante un tiempo. Y ocurrió, como sabéis. Y me pasé mucho tiempo buscando esa pared de marras. La busqué en Londres, en Manchester, en Sheffield y en Oxford. Y no la encontré, claro. Pero supe que estaba justo dentro de mi alma y eso lo aprendí en un cine oxoniense, viendo Bleak Moments. No he visto película más triste, más demoledora, más depresiva, más espeluznante. Rezuma desolación en cada escena. Todo es, como dice el título, bleak, esto es, difícil. Si podéis, os animo a conseguir una copia para después contarme qué os parece, yo os invito al café o al té y así me decís con calma. Creo que no existe versión doblada al español así que este consejo va sobre todo para los anglohablantes o, al menos, anglooyentes. Si me invitáis vosotros al café yo os dejo la peli, ¿hace?
Yo es que es verla y hacerme pequeñito y llorar por dentro hasta que se me derraman todos los líquidos internos que destrozan los diques de contención de mi cuerpo entero.

Y aun así, yo, que soy el rostro más feliz del universo, siempre he celebrado que también soy un alma triste y melancólica de góticos suspiros. Aunque escriba en español, he llegado a considerarme más inglés que muchos de los ingleses que he conocido. También es cierto que en otra vida luché con los sajones para morir en la batalla de Hastings atravesado en un barrizal por una flecha normanda (I promise this is totally true, sueño con ello muchas noches). Y hoy tenía que hablar de Bleak Moments y del cine de Mike Leigh uno de los directores británicos que considero esenciales para entender el alma inglesa.

Nada más, que ya es bastante, creo, que os quiero mucho a todos y cada uno de vosotros y que os voy a seguir queriendo hoy, mañana y pasado mañana también. Que lo vayáis sabiendo
.

domingo, 9 de mayo de 2010

WE CAN BE HEROES


We can be Heroes
Just for one day
We can be us
Just for one day
(David Bowie, Heroes)


Y a mí me gusta mucho todo lo que tenga que ver con superhéroes, pa qué nos vamos a engañar…, pero mucho, mucho. Y desde niño. Y luego va la vida y me lanza con efecto a una pareja como la que ahora mismo comparte mi vida y también mis sueños…, sí, Raquel, a la que también le molan los rollitos de superhéroes lo que a un niño un lapicero, o a nuestro perro kibo uno de sus erizos de goma, vamos.

Y así estamos los dos, como tontos cada vez que cae en nuestras manos una peli, un comic, una serie, lo que sea, sobre superhéroes. Nos gustan todos toditos todos. Unos más, claro, otros menos, a ver. Ella tiene sus preferidos, yo los míos, y lo cierto es que coincidimos en muchos. Acaso lo que más nos está interesando últimamente es el lado más post-post-postmoderno del fenómeno.

Seguimos flipando con la crepuscular y fantasmagórica película de los Watchmen, un comic cinematográfico en todos los sentidos. Yo estoy todavía bajo los efectos de la peli y del comic (que leí posteriormente), totalmente hipnotizado por su tono poético, por los silencios que ofrece, por la belleza dolorosa de los perdedores que se creen ganadores y por la honrosa tristeza de los que se creen ganadores y no deja de perder.
Una delicia.

Pero lo que nos tiene ahora ocupados es la serie de televisión Héroes, y eso que andamos por la primera temporada. Ese canto a los poderes que se convierten en cosas habituales, esos superhéroes “de andar por casa en zapatillas y bata de flores", esas almas perdidas en un mundo tan real como el nuestro…, o acaso sea más acertado decir “tan irreal como el nuestro”.

Este breve entrada, no os voy a engañar, es un mero pretexto para lo que viene ahora, un poema que he escrito la última semana y que quiero compartir con vosotros.
Nada más. Ahora mismo lo que me apetece es verme algún episodio de la serie esta que me tiene enganchado por los mismos pelos de la calva…

Un superbesazo, por lindos lindos lindosones.



WATCHMEN
Por Francisco José Francisco Carrera

…incluso ante el mismísimo Apocalipsis seguiré actuando igual.
(Rorschach, Watchmen)

Son los héroes de nuestro tiempo
estos que aquí nos ofrecen
sus poderes:
unos son capaces
de beber litros y litros de alcohol
y de seguir pensando en su trabajo de mierda
y aun así, no quitarse la vida;
otros han aprendido a pasarse toda la noche llorando
y no dormir ni un minuto para,
al día siguiente,
iniciar de nuevo una rutina infinita
que los devora, los insulta y los mancilla
mas no los derrota del todo;
también los hay duchos
en convertir dos o tres horas
en eterno aburrimiento
sin emitir una sola queja;
o aquellos que han perfeccionado
el arte de mirar haciendo como que escuchan,
pero no oyendo absolutamente nada
y aun así contestar con cierta lógica
a quienes se dirigen a ellos.

Son los vigilantes de nuestra era,
abanderados de un universo gris,
y están aquí para quedarse,
para dejar su huella, su marca,
nosotros simplemente somos
los que nos sentamos cada noche
ante un cena insulsa, un vaso de leche,
y hacemos tiempo ante la tele
para después dirigirnos en silencio
a la misma cama oscura y triste,
a la misma tumba de siempre.